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¿Por qué las emociones no son lo que crees?


Uno de los mayores desafíos de la neurociencia moderna es conciliar conceptos históricos, como la atención, con la evidencia científica actual. Muchísimos filósofos y psicólogos han teorizado, durante centenares de años, sobre cómo funciona el cerebro. Y sus trabajos son indispensables para entender qué es la neurociencia. El problema es que durante estos últimos años se ha ido observando que muchos de estos conceptos históricos, como la atención o las emociones, no tienen un correlato neuronal claro. ¿Significa eso que no existan? Pues aún no lo sabemos, pero lo que está claro es que no son lo que pensábamos. Hoy, como ejemplo, hablaremos de las emociones basándonos en la teoría de las emociones construidas de Lisa Feldman Barrett (Barrett, 2017).


La neurociencia busca conciliar conceptos antiguos de la psicología y la filosofía con la realidad del cerebro

Uno de los mitos más extendidos acerca del cerebro es que las emociones son experiencias universales, es decir, que emociones como el miedo se sienten de la misma manera en Barcelona y en Kuala Lumpur, independientemente de las experiencias previas que hayan tenido esas personas. Debido a eso, una multitud de neurocientíficos se empeñaron durante años en buscar un correlato neuronal de las emociones bajo el siguiente raciocinio: si el miedo, por ejemplo, es universal, las áreas del cerebro que codifican para esa emoción siempre estarán activas durante un evento terrorífico, en cualquier persona que observemos. Además, todas las personas reaccionarán de la misma manera ante esa situación y habrá ciertos correlatos fisiológicos (sudoración, pelo de punta…) que siempre serán los mismos y serán perfectos descriptores de tal emoción.


Años de investigaciones han demostrado que esto no es así. Ni las emociones son universales (hay algunas emociones en algunas culturas que no existen en otras culturas (Camras et al., 1998), de manera que una cara de terror aquí en Europa no tiene porque significar terror en Papúa Nueva Guinea), ni la experiencia de esas emociones es siempre la misma (a veces reaccionamos con violencia ante una sensación de terror, a veces nos petrificamos (Siegel et al., 2018)) y, ni mucho menos, existe una región que codifica exclusivamente para una emoción (Lindquuist et al., 2012).


Las emociones no son universales. Se sienten diferente en distintos lugares del mundo

Es más, ni siquiera está claro que seamos buenos reconociendo nuestras propias emociones: esto se conoce como error de asignación de emociones (White et al., 1981). Cuando te olvidas de tomar un café por la mañana y estás enfadado con el mundo, es frecuente pensar que el resto de gente son unos inútiles y que estés enfadado, cuando en realidad simplemente puede ser que tengas hambre. Si por el contrario tomas mucho café, que tu frecuencia cardíaca sea elevada puedes interpretarlo como ansiedad, cuando en realidad es simplemente el efecto de la cafeína.


Somos malos reconociendo nuestras propias emociones

¿Significa esto que el miedo no existe? ¡En absoluto! Lo que significa es que el miedo es un constructo social, que puede expresarse de diferentes maneras dependiendo de la situación y que, por lo tanto, activará áreas diferentes del cerebro dependiendo de la situación. El miedo no es una reacción a una situación, es un resumen que hace nuestro cerebro a una situación determinada.


Lisa Feldman Barrett fue una de esas científicas que estuvo años buscando correlatos neuronales de las emociones, dándose de bruces experimento tras experimento contra una dura realidad: no había un patrón común y exclusivo de ninguna emoción. Así que le dio una vuelta de tuerca a lo que pensamos que son las emociones basándose en la evidencia científica hasta el momento y las teorías del cerebro predictivo.


No hay un patrón común y exclusivo de ninguna emoción

La teoría clásica de las emociones viene a decir que las emociones son universales. Así, que tanto Juan como María, si se imaginan ver a un monstruo detrás de la puerta a mitad de la noche activarán el centro neuronal del "miedo" y acabarán teniendo unas reacciones fisiológicas (aumento de pulsaciones, sudoración, parálisis…) que les generarán miedo.


Según Barrett y la teoría de las emociones construidas, lo que ocurre es bien diferente.




Para empezar, Juan y María son dos personas diferentes con experiencias diferentes.

  • En este caso, Juan está de mal humor porque su cantante favorito ha sido eliminado del programa de talento. A mitad de la noche, mientras intenta dormir, se imagina ver a un monstruo detrás de la puerta. Sus experiencias previas también afectan a cómo percibe y vive las emociones, de manera que los recuerdos de una pelea donde se sintió rodeado salen a la luz. Eso le activa cierta región cerebral, que le hace responder con ciertos patrones arquetípicos del miedo, como el aumento de pulsaciones y la sudoración, pero también con agresividad. El cerebro predice que la sensación que sentirá es parecida, y Juan la interpreta como miedo.

  • María, por otro lado, ha tenido un buen día y en su entreno de fútbol marcó dos goles. Como a Juan, a mitad de la noche, mientras intenta dormir, se imagina ver a un monstruo detrás de la puerta. Su experiencia previa también le afecta a cómo percibe las emociones, pero en su caso es más benigno, un recuerdo de la película Monstruos SA, donde también se sintió incómoda. María reacciona con sudoración, dilatación de pupilas y temblores, y el cerebro predice que la emoción que sentirá al ver al monstruo será como aquella cuando vió al monstruo en la televisión. María la interpreta como miedo.


A la mañana siguiente, ambos reconocen haber tenido miedo ante aquella situación, pero lo han vivido y sentido de formas diferentes. Además, las áreas del cerebro que se activaron durante ese momento eran diferentes.


Las emociones son un resumen de nuestro cerebro a una situación determinada

¿Y por qué es esto interesante?

Si esto fuera verdad, podrías usar la capacidad predictiva del cerebro para moldear tus experiencias emocionales. Así, si el cerebro está usando experiencias pasadas para construir tus experiencias en el presente, entonces cualquier cosa que vayas construyendo a partir de ahora simplificará la manera como se construyen nuevas experiencias y emociones en el futuro.


Las emociones son moldeables y pueden llegar a controlarse

Y, lo más importante, si las emociones no están codificadas a sangre en tu cerebro, puedes moldearlas. Esto significa que tu experiencia de lo que es el miedo puede ser moldeada, y lo que antes te parecía terrorífico ahora ya no tiene que serlo. Simplemente tienes que empezar a crear nuevas experiencias que te generen diferentes reacciones fisiológicas, para que así el cerebro cree un nuevo modelo que prediga mejor cómo te sientes. Juan puede canalizar su experiencia de miedo para dejar de asignarla a reacciones agresivas y así, con el tiempo y esfuerzo, tener reacciones más calmadas ante nuevas situaciones donde sienta miedo.




Bibliografía


Barret, Lisa Feldman. 2017. The theory of constructed emotion: an active inference account of interoception and categorization, Social Cognitive and Affective Neuroscience, Volume 12, Issue 1, January 2017, Pages 1–23, https://doi.org/10.1093/scan/nsw154


Camras, Linda A., Harriet Oster, Joseph Campos, Rosemary Campos, Tatsuo Ujiie, Kazuo Miyake, Lei Wang, and Zhaolan Meng. 1998. Production of emotional facial expressions in European American, Japanese and Chinese infants. Developmental Psychology 34 (4): 616-628.


Lindquist, Kristen A., Tor D. Wager, Hedy Kober, Eliza Bliss-Moreau, and Lisa Feldman Barrett. 2012. The brain basis of emotion: a meta-analytic review. Behavioral and Brain Sciences 35 (3): 121-143.


Siegel EH, Sands MK, Van den Noortgate W, Condon P, Chang Y, Dy J, Quigley KS, Barrett LF. 2018. Emotion fingerprints or emotion populations? A meta-analytic investigation of autonomic features of emotion categories. Psychol Bull. 44(4):343-393. doi: 10.1037/bul0000128.


White, G; Fishbein, S; Rutsein, J (1981). "Passionate love and the misattribution of arousal". Journal of Personality and Social Psychology. 41: 56–62. doi:10.1037/0022-3514.41.1.56








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